El muro fronterizo amenaza al Pinacate: la UNESCO alerta por la fauna y la flora del Desierto de Sonora

BATARETE
Por Ernesto Camou Healy

Dunas de arena del Gran Desierto de Altar con la sierra al fondo, en la Reserva de la Biosfera El Pinacate, Sonora
Dunas del Gran Desierto de Altar, en la Reserva de la Biosfera El Pinacate. Foto: Gcorpart / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0).

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) tiene como objetivo contribuir a la paz y a la seguridad mediante la educación, la ciencia, la cultura y las comunicaciones; ahora está alertando sobre los peligros para el medio ambiente, la fauna y la flora del Desierto de Sonora, que provocará la construcción del muro fronterizo donde se ubica el área de la Reserva de la Biosfera El Pinacate y el Gran Desierto de Altar. El Pinacate comprende más de 714 mil hectáreas del noroeste de Sonora y fue inscrito como Patrimonio Mundial en 2013.

Además de su biodiversidad y paisaje volcánico, posee una profunda importancia cultural para el pueblo Tohono O’odham. Ahora bien, dicha Reserva es parte de una región desértica mucho mayor, que está en continuo uso y evolución tanto al sur de la frontera como al norte, donde continúa el desierto de Sonora y hay dos áreas protegidas similares: el Organ Pipe Cactus National Monument y el Cabeza Prieta National Wildlife Refuge, que comparten con nuestra geografía un paisaje similar y una gran variedad de fauna y flora que viven, se relacionan con las poblaciones allende la frontera y modifican el medio ambiente; lo conservan como un hábitat para muchos mamíferos, reptiles, aves e insectos.

Campo de lava del Pinacate con cholla, sahuaros y ocotillos a contraluz, con picos volcánicos al fondo
El paisaje volcánico de la Reserva: campo de lava con cholla, sahuaros y ocotillos. Foto: Jack Dykinga / Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.0).

El Pinacate y el Gran Desierto de Altar son un ambiente que alberga a una gran diversidad de especies adaptadas a las condiciones extremas de nuestra entidad. Hay más de 40 especies de mamíferos, unas 200 de aves, alrededor de 40 de reptiles, y muchas de ellas son especies endémicas o en peligro de extinción.

Probablemente el mamífero más emblemático es el berrendo sonorense, en peligro de extinción, considerado uno de los mamíferos terrestres más rápidos del mundo. Tenemos también el borrego cimarrón, especie también protegida. Entre los depredadores están el puma, el lince, el coyote y la zorra del desierto. Son de importancia también la rata canguro y el murciélago hocicudo mayor, que es un importante polinizador de cactáceas como el sahuaro.

Dos berrendos sonorenses caminando entre matorral del desierto
Berrendo sonorense (Antilocapra americana sonoriensis), la especie que el muro deja incomunicada. Captado por una cámara de monitoreo de vida silvestre en el Organ Pipe Cactus National Monument, al norte de la frontera. Foto: National Park Service (dominio público).

Ahí viven el monstruo de Gila, uno de los pocos lagartos venenosos del mundo, y la tortuga del desierto, más diversas especies de víbora de cascabel, entre las que destacan la cascabel de cuernos, adaptada para desplazarse sobre las dunas, más nuestro camaleón del desierto. Tenemos águila real, halcón peregrino y el ubicuo zopilote, más varios tipos de palomas. Es muy conocido el correcaminos norteño, churea le llamamos, y contamos con varias especies de tecolotes y de pájaros carpinteros, más una muy amplia pluralidad de insectos adaptados a las temperaturas extremas de la región.

Monstruo de Gila, lagarto de piel negra y rosada con escamas granulares, entre piedras y hierba seca
Monstruo de Gila (Heloderma suspectum), uno de los pocos lagartos venenosos del mundo. Foto: Alan Schmierer / Wikimedia Commons (CC0).

Esta abundancia de animales ha ido modificando el medio ambiente, lo ha construido a lo largo de miles de años, y lo sigue haciendo todavía. Impedir y restringir el paso de especies animales puede generar cambios importantes en el desierto, en la vegetación adaptada desde hace milenios, y en ese conjunto vivo y cambiante regido por la interacción de animales y vegetales, que usan el medio y lo reproducen constantemente.

Las 714 mil hectáreas de la Reserva son una porción pequeña del Desierto de Sonora, y no se puede entender su funcionamiento sin anotar que sus habitantes, fauna y flora, usan la totalidad geográfica y ecológica que comprende el norte de Sonora y el sur de Arizona. Por eso, poner una barrera física entre ambos países crea un riesgo para esa compleja dinámica de interacción entre plantas, animales, suelos, aguas y etnias que han participado desde tiempos inmemoriales en el diseño y construcción de ese hábitat común, al que pertenecemos y que tenemos la imperiosa responsabilidad de cuidar.

Es un atentado contra nuestro patrimonio y el suyo, contra nuestra vida común. Resulta difícil que alguien con un horizonte de conocimiento tan exiguo como el de Trump lo entienda: se van a necesitar muchos estudios, mucha difusión, muchas manifestaciones y mucha diplomacia para modificar la decisión. Pero urge, sin duda…

© 2026 Connectinc Todos los derechos reservados