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REFLEXIÓN DEL MES: ¿UNA GENERACIÓN PRIVILEGIADA Y FUERTE?

REFLEXIÓN DEL MES: ¿UNA GENERACIÓN PRIVILEGIADA Y FUERTE?

Si observamos con cuidado en la sociedad actual, podemos detectar la aparición de una franja social que antes no existía: la gente que hoy tiene entre cincuenta y setenta años. A este grupo pertenece una generación que ha echado fuera del idioma la palabra “envejecer”, porque sencillamente no tiene entre sus planes actuales la posibilidad de hacerlo. Se trata de una verdadera novedad demográfica parecida a la aparición en su momento, de la “adolescencia”, que también fue una franja social nueva que surgió a mediados del siglo XX para dar identidad a una masa de niños desbordados, en cuerpos creciditos, que no sabían hasta entonces dónde meterse, ni cómo vestirse. Este nuevo grupo humano que hoy ronda los cincuenta, sesenta o setenta, ha llevado una vida razonablemente satisfactoria. Son hombres y mujeres independientes que trabajan desde hace mucho tiempo y han logrado cambiar el significado tétrico que tanta literatura latinoamericana le dio durante décadas al concepto del trabajo. Lejos de las tristes oficinas, muchos de ellos buscaron y encontraron hace mucho la actividad que más le gustaba y se ganan la vida con eso. Supuestamente debe ser por esto que se sienten plenos; algunos ni sueñan con jubilarse. Los que ya se han jubilado disfrutan con plenitud de cada uno de sus días sin temores al ocio o a la soledad, crecen desde adentro. Disfrutan el ocio, porque después de años de trabajo, crianza de hijos, carencias, desvelos y sucesos fortuitos bien vale ver el mar con la mente. Pero algunas cosas ya pueden darse por sabidas, por ejemplo que no son personas detenidas en el tiempo; la gente...
Febrero, mes de la salud del hombre

Febrero, mes de la salud del hombre

#SoyHombreYMeCuido es la campaña promocionada por el ISSSTE que busca erradicar el estereotipo del hombre fuerte que no enferma. A lo largo de la historia, los estereotipos de género han ligado a los hombres con características como fuerza, valentía, acción y vigor, convirtiéndolos paradójicamente en víctimas de modelos masculinos que no favorecen el cuidado de su salud. En la feminidad, en cambio, se han agrupado las emociones y comportamientos asociados a la delicadeza y el cuidado. Dichas construcciones de género están relacionadas con el desarrollo físico, emocional y social de las personas. Las niñas desde pequeñas observan e introyectan actitudes que se convierten en factores de protección de su salud física y mental. Por esto, es común que las mujeres estén más pendientes de su salud que los hombres, que acudan a revisiones médicas con mayor frecuencia y pidan ayuda cuando lo consideran necesario. Además, entre los varones desde edades tempranas, se suele abusar del consumo de sustancias como alcohol y drogas, en contraste con ellas; asimismo, es común que practiquen actividades más temerarias que los colocan en situaciones de riesgo o se descuiden con mayor facilidad en aspectos importantes como su peso y talla. Por lo anterior, es fundamental difundir entre la sociedad modelos alternativos para vivir y expresar una masculinidad que considere hábitos de vida saludables. En otras palabras, es necesario que la salud y el autocuidado hoy en día sean también “cosas de hombres”. #IgualdadDeGéneroSRE https://www.gob.mx   Related posts: Esto es lo que sabemos a un mes del sismo del 19 de septiembre Hasta 13 millones de hectáreas de bosques desaparecen cada año por la acción...
Abrazoterapia: beneficios del abrazo

Abrazoterapia: beneficios del abrazo

Ventajas y propiedades del contacto físico “Necesito un abrazo”, frase que puedes haber pronunciado en más de una ocasión, buscando recuperarte rápidamente de algún obstáculo cotidiano que te colocaba la vida en ese día. Y es que seguro que sabes, o al menos intuyes, el poder que ejerce un abrazo sobre tu salud y tu estado de ánimo. Así ha quedado demostrado en un estudio realizado por investigadores de la Universidad Carnegie Mellon en Pittsburgh, Pensilvania (EEUU), quienes han visto que los abrazos no solo mejoran nuestra salud mental, sino que nos protegen de las infecciones. En el experimento pidieron a 404 adultos sanos que respondieran a un cuestionario que medía el apoyo social percibido. Estos fueron entrevistados durante las dos semanas siguientes, en las que se les preguntaba acerca de la frecuencia de conflictos con terceros y los abrazos que habían recibido. Finalmente, se les expuso a un virus del resfriado común, y se sometieron a una cuarentena para observar los signos de infección y evolución de la enfermedad, mientras permanecían aislados. Y sí, se cumplieron las mejores previsiones posibles, demostrando el gran efecto protector que tiene el amor sobre la salud. Comprobaron que los participantes con mayor apoyo social y menos conflictos eran los menos propensos a enfermar de gripe, siendo concretamente los abrazos los que explicaban un tercio del efecto protector contra la infección. La explicación podría residir, como apunta Sheldon Cohen director de la investigación, en el papel que tienen los abrazos como inductores de la sensación de protección, disminuyendo nuestro estrésy aumentando nuestro sistema inmunológico. Si estás deprimido o sufres ansiedad, si el estrés o la preocupación son constantes en tu vida, eres más vulnerable...
Efecto espectador: mirar sin hacer nada

Efecto espectador: mirar sin hacer nada

Efecto espectador : Experimento sociológico sobre responsabilidad social Tiendes a sentirte más protegido en lugares concurridos y procuras evitar las calles más solitarias, ¿verdad?, como si el hecho de estar rodeado de personas te asegurara, de alguna manera, que si alguien intenta robarte o agredirte, los demás te ayudarán. Sin embargo, la realidad es bien distinta: cuando estás en peligro, estar rodeado de gente no garantiza que recibas ayuda inmediata. Esto es lo que pudo demostrarse en un experimento llevado a cabo en Londres, donde un actor fingía un desmayo en unas escaleras en medio de la muchedumbre que pasaba delante de él, sin prestarle auxilio. Puede parecer extraño, pues desde fuera uno puede pensar: ¿por qué tantas personas le ignoraban?, ¿nadie quería ayudarle?, ¿todos eran personas sin sensibilidad ni humanidad? El hecho es que transcurrieron veinte minutos (y hasta casi treinta y cuatro cuando lo repitió otra actriz) sin que nadie se detuviese a socorrerles. Es lo que se conoce como el Efecto Espectador (Bystander Effect), un fenómeno psicológico por el que un individuo está más dispuesto a ayudar cuando hay pocos o ningún testigo, y siente que él es el único que puede auxiliar a la víctima. Por el contrario, si hay mucha gente, se tiende a pensar que otro le ayudará, o que si no le han ayudado antes (siendo tantos) por algo será (no necesita ayuda, implica peligro, etc.). Entonces hablamos de “difusión de responsabilidad” para referirnos a la creencia o percepción de que la responsabilidad de ayudar está dividida entre todos los que están allí, lo que suele derivar en una situación de espectadores pasivos que ven sin “mirar”. Y como...
ESTA ES LA ENORME IMPORTANCIA PSICOLÓGICA DE “PERDER EL TIEMPO”

ESTA ES LA ENORME IMPORTANCIA PSICOLÓGICA DE “PERDER EL TIEMPO”

En italiano existe una frase que haría a más de uno llevarse las manos a la cabeza: “il dolce far niente“. Significa disfrutar del placer de no hacer nada. Para quienes piensan que el tiempo es dinero, la simple idea de dejar que los minutos transcurran sin hacer nada puede parecerles una locura increíble. Sin embargo, el tiempo no es dinero, el tiempo es vida, y quizá deberíamos replantearnos cómo lo estamos utilizando. ¿Es tan terrible perder el tiempo? La frenética búsqueda de la productividad genera culpabilidad Siempre tendremos por delante una lista interminable de trabajo pendiente y tareas por terminar, así como una implacable cultura de productividad que nos empuja y nos dice que tenemos que hacerlo todo de inmediato y que debemos sentirnos terriblemente culpables por el tiempo “perdido”. No debemos sentirnos culpables por “perder el tiempo”, pero la cultura de la productividad nos obliga a ello Palabras como productividad, eficacia y procrastinación no solo se han insertado exitosamente en nuestro léxico, sino que también se han hecho un hueco en nuestra manera de pensar, determinando cómo organizamos nuestra jornada y, lo que es aún peor, cómo nos sentimos al respecto. Perseguimos frenéticamente la productividad, hasta tal punto que no logramos descansar de verdad. Mientras damos un paseo, nos tomamos un día libre o incluso mientras leemos o vemos una peli, nuestra mente se mantiene ocupada en las cosas que deberíamos estar haciendo. Así terminamos abrumados por la culpa. Para exorcizar esa sensación de culpabilidad, recurrimos a la peor estrategia posible: navegar sin rumbo por internet o sumergirnos en maratones televisivos. Eso mantiene nuestra mente relativamente ocupada, pero no contribuye a nuestra productividad y menos aún a la felicidad. Muchos...